Mariela aspiró la bocanada número trece de su cigarrillo, dio un giro de trescientos sesenta grados a la colilla que aún se encendía con el paso del viento. Trataba de encontrar alguna señal que le despejara ese futuro incierto. (Estaba leyéndose el cigarrillo como le había enseñado la prima Zoila). Será una ene; se dijo. Parecía que una letra se dejaba ver clara y bien formada. Era una eme. ¿Marcos, será eme de marcos o de Miguel? (Ósea que estaba buscando su alma gemela en las cenizas del tabaco). ¿Será un matrimonio o será una muerte próxima? (Nada de lo anterior, era la eme de la marca del cigarrillo Mustang Azul que ya se estaba acabando)
No es que Mariela estuviese ansiosa ni mucho menos, simplemente al estar jugando a eso de vivir es inevitable encontrarse con alguna de estas situaciones, tan parecidas como diametralmente diferentes. El matrimonio y la Muerte.
Cuando yo tenía catorce años no pensaba ni en la una, ni en la otra. Hoy, catorce años después no quería hacerlo pero que le vamos a hacer, aquí estamos. Ahora partamos de la sabiduría popular con las siguientes dos citas:
- El matrimonio es como la muerte: pocos llegan a él convenientemente preparados.
N. Tommaseo.
- Matrimonio y Mortaja del cielo Baja.
Mi tía Marina.
Matrimonio: Casarse o no Casarse, esa es la pregunta.
Una mañana fría de marzo del 2003 (a mis 23 añitos) en plena clase de estadística, comenzamos a hacer un ejercicio con los índices de esperanza promedio de vida en los diferentes países del mundo y obviamente el resultado me alarmó.
Esperanza de vida al nacer [1]
Afganistán = 41.3
Botsuana = 51.7
Colombia = 74.3
Dinamarca = 78.6
España = 80.8
Filipinas = 67.5
Grecia = 79.9
Haití = 61.2
Islas Marshall = 62.5
Jamaica = 71.7
De los anteriores resultados quedan dos cosas claras:
Primero: Vivir en Colombia no es tan pailas como se cree, Fíjense que casi tenemos el promedio de vida que en Europa (Consuelo de tontos) y que si uno no se topa con una bala en cualquier esquina la cosa puede durar.
Segundo: Uno puede llegar a vivir 74 años y cuatro mese. Eso es mucho tiempo.
Después de un sencillo análisis e iluminado desde el más allá, Ósea desde la lámpara que descolgaba del techo, me dije a mi mismo que las personas cuerdas no se debe casar antes de los 30 años. Eso sería estar casado más de la mitad de la vida.
Hoy. Cinco años después, la cosa ha cambiado, son otras las razones que hacen que uno, lo piense, lo siga pensando y lo decida. Y para terminar citaré al Maestro Iluminado del Monte de Venus y Cercanías:
-Mira hijo. Hay un momento en la vida de todo hombre, en que tiene que sentar cabeza, entonces se la quita, corre tras su corazón y es feliz.
De todas maneras siempre hay cosas, situaciones y algunas pequeñeces a las cuales uno nunca deja de tenerle miedo, casos hipotéticos e insignificantes:
- Que la pareja ronque, hable, peleé o simplemente gire como licuadora cuando duerme, que no lo deje a uno dormir y que ni con bebidas de esas que dicen que “te dan alas” pueda mantenerse despierto el resto del día.
- Que un día sin más ni más, “le pongan los cachos” con el panadero, carnicero, jardinero o en el peor de los casos con la mejor amiga de uno.
- Que coleccione cráneos de ex esposos detrás de la puerta. ¡Huy que susto!
- ¡Que le guste el fútbol! Eso sería catastrófico, porque no podría tener las típicas peleas por el control del televisor cuando juegue el Atlético Bucaramanga contra el Cúcuta Deportivo y por el otro canal estén pasando los premios TV y Novelas, justo en la entrega donde a los actores de cualquier telenovela de tres pesos y quince implantes de silicona reciben todos premios.
- Que le pegue cacerolazos cuando uno llegue de trabajar a las tres de la mañana.
- Que diga, No Acepto y tome un bus a Cartagena con el gordo pastelero que hizo el ponqué de bodas, o más trágico si es con el gay estriptisero de la despedida de soltera.
En fin esos son los riesgos que hay que correr, y al final la respuesta la tienen ustedes, yo por el momento ya lo decidí.
Mortaja: ¿Cómo dolerá menos?

Ante la segunda parte del postulado de esta nota, es demasiado lo que hay por especular, porque nadie ha vuelto de hablar con la “pelona”, pero entrados en gastos, echémosle más leña al fuego.
Si de muertes se trata, mi favorita es morirse una mañana, por allá bien lejos en la escala de tiempo, con el pelo largo, blanco y con el cansancio de haber hecho lo que se me diera la gana. Hacer ocho días al tomar el quiz ¿Que mi tipo de muerte eres?, en el libro de las Vanidades, el resultado fue Suicidio. Cosa en la que no estoy de acuerdo. Por las siguientes razones:
- Porque soy un cobarde, y simplemente no soy capaz.
- No me tiraría de un puente porque en la caída me despeinaría, el fémur se me clavaría en el cuello y me desfiguraría. Luego no quedaría bien en la foto.
- No me amarraría una piedra en una pierna para tirarme a un lago porque no soy bueno haciendo nudos, lo tengo que aceptar, soy malo con las manualidades, nunca fui boy scout ni ninguna pendejada de esas y es muy probable que la piedra se me suelte. Además, los muertos ahogados quedan morados y entonces tendrían que aplicarme base y no quedaría bien en la foto. (Y que triste es que a uno lo pinten como travesti a la hora del entierro)
- No me inyectaría ningún veneno o sobre dosis de heroína por una sencilla razón: Le tengo pavor a las agujas. Si, ¿Es acaso eso un pecado?
- No me comería una aguja con aguardiente, porque eso no lo mata a uno, solamente lo deja ver como un pendejo ante los servicios de urgencia en cualquier hospital o clínica.
- No me dispararía en la cabeza porque como soy tan cabezón que tal que no me muera, y si me quede tonto como si me hubiera hecho una lobotomía frontal.
- No me ahorcaría de una soga porque si no soy capaz de hacer el nudo de la corbata (Tengo que confesar que mis corbatas son de cauchito de tela) Mucho menos ese nudo de ahorcado que es más estilizado y hasta bonito.
- No me tomaría un tarro de “pepas” porque eso produce gastritis, además que no es muy confiable.
- No me practicaría el Harakiri, porque no soy japonés y porque esos sables son carísimos, mejor con esa plata me compro unas cuantas docenas de hamburguesas.
La decisión está en cada uno de nosotros, los dueños de nuestro destino y quienes decidimos cuando nos vamos de este planeta, ojalá estemos preparados. Saludos y recuerden que matrimonio y Mortaja del cielo baja.
Fin; Bogotá, 4 Abril 2009.
[1] Dato Obtenido de OMS (No es un grupo de rock emo) es la Organización Mundial de la Salud; año 2006.