La princesa Mononoke y La Chinávega.
El príncipe Ashitaka[1] contagiado por la ira y el odio salió de su pueblo para ver sin odio. Esa tremenda metáfora de la relación entre los seres humanos y la naturaleza me conmovió. Y no podía ser otro que Hayao Miyazaki con su Princesa Mononoke el motor de inspiración para esta nota.
Primero debemos ubicarnos entre los límites de los municipios de Los santos y Piedecuesta, en las bravas tierras de Santander. Ese lugar que se enmarca ahora por el popularísimo Parque Nacional del Chicamocha, con su muy original sigla "Panachi". Nunca piensen que es una copia del Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria “Panaca”. No. Panachi es un Imponente sitio para visitar y del cual todo Santandereano se debe sentir Orgulloso. Pero como dice un amigo: “Siempre hay un punto en la hoja blanca” y el punto en nuestro Panachi(Aclaro que puede llegar a ser media hoja) Se llama: Hugo Eliodoro Aguilar, Personaje corrupto que no merece más que éstas escuálidas palabras y fin del comentario. Allí, si se mira hacia la mesa de los santos, usted podrá ver una estepa dura de arbustos que se aferran a la vida en medio de roca y nada más. Bajando hacia el cañón y decorando la falda de la mesa, un puñado de casas de bloque y tejas de zinc se ven difuminadas; como si hubieran sido puestas a propósito para componer las fotos de los visitantes al parque. Casi nadie sabe, pero hace más de una década por esa falda dura y seca corría una corriente de agua cristalina y fresca, era la quebrada La Chinávega.
Pescadero Abril de 1986:
- ¿Y a donde vamos?
- Al rio.
- ¿Y que llevamos?
- Nada, solo unas mandarinas, un trozo de carne para asar y la pantaloneta.
- ¡No! Mejor Vamos a la Chinávega.
Pescadero Enero de 1998:
- ¿Vamos a la Chinávega?
- Lo siento primo, esa quebrada la secaron. Hace unos años hicieron una represa en la mesa, para que los de arriba pudieran hacer sky náutico, y para que sus casitas enmarcaran un lago y no un caño, así las fotos que saquen desde las puertas se verán más bonitas.
- Pero primo, también esa agua sirve para llevar agua a los habitantes de las veredas de la falda.
- Si. Eso dicen.
Uno pudiera pensar que cuando no hay dolientes, es porque no hay muerto. Idea absurda pero muy común en estas tierras. De todas maneras ese recuerdo de niño, con peces entre mis dedos y sombras de hojas sobre el agua moviéndose, no se repitió y solo hoy; veinte años después me doy cuenta de eso. Tal vez la imagen de lady Eboshi[2] quitándole la cabeza al espíritu del Bosque me hizo traer ese recuerdo. De pronto es el hecho de haber nombrado este blog con el nombre de la Chinávega, siento éste acto inconsciente de desagravio a esa quebrada muerta que nunca se lloró. Porque no tenía más dolientes que unos cuantos pastores de cabras.
Hace dos meses fui a Panachi y me tomé unas cuantas fotos con las cabras. Le busqué parecido a las estatuas del monumento a la Santandereanidad con los integrantes de la familia, encontrándolos a todos. Vi el avestruz de lejos y me pregunté si en la escuela me habían engañado diciéndome que el avestruz era un animal foráneo. El paseo por helicóptero creó en mí la necesidad de ahorrar. El raspao estaba delicioso y nada más refrescante para ese sol canicular del cual nadie se escapa, simplemente porque no hay donde. Y el rostro maravillado de la gente que perdía su mirada en la inmensidad del cañón me gustó y mucho. El Teleférico que une el parque con la mesa de los santos no lo habían inaugurado pero se veía que iba por buen camino.
La próxima vez que vaya a Panachi, me subiré al teleférico, al helicóptero, patinaré en el hielo como si estuviera en el polo norte, me fijaré donde quedaba la cuenca de la quebrada La Chinávega, y quien quita que desde el cielo se pueda ver el esqueleto de una quebrada muerta.
Fin
Bogotá 8 de marzo 2009.
[1] La Princesa Monoke; Film de Animación del Director Hayao Miyazaki.
[2] La Princesa Monoke; Film de Animación del Director Hayao Miyazaki
Primero debemos ubicarnos entre los límites de los municipios de Los santos y Piedecuesta, en las bravas tierras de Santander. Ese lugar que se enmarca ahora por el popularísimo Parque Nacional del Chicamocha, con su muy original sigla "Panachi". Nunca piensen que es una copia del Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria “Panaca”. No. Panachi es un Imponente sitio para visitar y del cual todo Santandereano se debe sentir Orgulloso. Pero como dice un amigo: “Siempre hay un punto en la hoja blanca” y el punto en nuestro Panachi(Aclaro que puede llegar a ser media hoja) Se llama: Hugo Eliodoro Aguilar, Personaje corrupto que no merece más que éstas escuálidas palabras y fin del comentario. Allí, si se mira hacia la mesa de los santos, usted podrá ver una estepa dura de arbustos que se aferran a la vida en medio de roca y nada más. Bajando hacia el cañón y decorando la falda de la mesa, un puñado de casas de bloque y tejas de zinc se ven difuminadas; como si hubieran sido puestas a propósito para componer las fotos de los visitantes al parque. Casi nadie sabe, pero hace más de una década por esa falda dura y seca corría una corriente de agua cristalina y fresca, era la quebrada La Chinávega.
Pescadero Abril de 1986:
- ¿Y a donde vamos?
- Al rio.
- ¿Y que llevamos?
- Nada, solo unas mandarinas, un trozo de carne para asar y la pantaloneta.
- ¡No! Mejor Vamos a la Chinávega.
Pescadero Enero de 1998:
- ¿Vamos a la Chinávega?
- Lo siento primo, esa quebrada la secaron. Hace unos años hicieron una represa en la mesa, para que los de arriba pudieran hacer sky náutico, y para que sus casitas enmarcaran un lago y no un caño, así las fotos que saquen desde las puertas se verán más bonitas.
- Pero primo, también esa agua sirve para llevar agua a los habitantes de las veredas de la falda.
- Si. Eso dicen.
Uno pudiera pensar que cuando no hay dolientes, es porque no hay muerto. Idea absurda pero muy común en estas tierras. De todas maneras ese recuerdo de niño, con peces entre mis dedos y sombras de hojas sobre el agua moviéndose, no se repitió y solo hoy; veinte años después me doy cuenta de eso. Tal vez la imagen de lady Eboshi[2] quitándole la cabeza al espíritu del Bosque me hizo traer ese recuerdo. De pronto es el hecho de haber nombrado este blog con el nombre de la Chinávega, siento éste acto inconsciente de desagravio a esa quebrada muerta que nunca se lloró. Porque no tenía más dolientes que unos cuantos pastores de cabras.
Hace dos meses fui a Panachi y me tomé unas cuantas fotos con las cabras. Le busqué parecido a las estatuas del monumento a la Santandereanidad con los integrantes de la familia, encontrándolos a todos. Vi el avestruz de lejos y me pregunté si en la escuela me habían engañado diciéndome que el avestruz era un animal foráneo. El paseo por helicóptero creó en mí la necesidad de ahorrar. El raspao estaba delicioso y nada más refrescante para ese sol canicular del cual nadie se escapa, simplemente porque no hay donde. Y el rostro maravillado de la gente que perdía su mirada en la inmensidad del cañón me gustó y mucho. El Teleférico que une el parque con la mesa de los santos no lo habían inaugurado pero se veía que iba por buen camino.
La próxima vez que vaya a Panachi, me subiré al teleférico, al helicóptero, patinaré en el hielo como si estuviera en el polo norte, me fijaré donde quedaba la cuenca de la quebrada La Chinávega, y quien quita que desde el cielo se pueda ver el esqueleto de una quebrada muerta.
Fin
Bogotá 8 de marzo 2009.
[1] La Princesa Monoke; Film de Animación del Director Hayao Miyazaki.
[2] La Princesa Monoke; Film de Animación del Director Hayao Miyazaki
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