Apología de un destino ineludible
A Tilcia. Existen diversos ritos fúnebres para nuestra Zoociedad Occidental, como el clásico “entierro en el jardín cementerio” en donde variantes exóticas como la cantada de Mariachis, el llorón profesional y la aparición de la “Otra familia” del susodicho difunto, llenan el vacío del ser que parte. También tenemos las extravagancias de los famosos y sus urnas de oro, transmisiones en vivo y en directo con “close caption” y pague por ver. No es curioso, ni extraño. Vivimos con un destino tan cierto: en un futuro moriremos. Y bien quietecitos nos va a dejar la pelona cuando uno menos lo espera, o cuando tras el paso de los años el descanso de un cuerpo cansado por el rigor de la vida nos llega igual de inesperado. Nos asusta, nos inquieta. Es ella la amante silenciosa. La muerte. Y parece que es solo una simple consecuencia del paso del tiempo para llegar hasta ella, porque te levantas una mañana y crees que eres inmortal, guardamos las reservas para un futuro incierto, ahorramos las e...