A José Manuel Niño Mancilla
Cada cierto tiempo nos enfrentamos con aquello que tanto evitamos. Hay momentos en que quisiéramos no tener que escribir, pero así es, la vida nos pone en éstos puertos de partida.
Hoy es imposible no traer al presente un montón de experiencias, recuerdos, gestos, dichos y expresiones propias de José Manuel Niño Mancilla. Nos consuela saber que todas esas vivencias continuaran presentes en nosotros. Aunque en el 13-62 de la calle 15 no se vuelva a escuchar eso de que viva el glorioso partido liberal! o que mucho hijueputa ese Maduro que ni bachiller será, o si supo la ultima del malparido del Uribe? No importa. Nosotros lo recordaremos, así como recordamos los balones pinchados, su lucha contra los “perturbadores de la tranquilidad pública”, las atendidas en conocimientos bíblicos a los testigos de Jehová, las querellas en la inspección de policía. La gota de comida.
La historia también recordará a un hombre que brindó la sala de su casa para que sirviera de salón de clases de sus hijos y los hijos de sus vecinos, y así no se quedaran sin donde estudiar, bueno, también había una ventaja; su sala no tenía muchas cosas para dañar. La mayoría de las personas lo llamaban Don Manuel, otras de otra manera, pero eso no importa. Hay una esquina del barrio que es muy particular, cómo su dueño.
¡Se están bajando los mangos!
¡Se están bajando los mamones!
Sí. Ahí.
Por el paso de los años vi cambiar a un hombre, me tocó ver esos ojos encharcados cuando conoció a sus nietos, muy religiosamente lo vi llevar a su primera nieta al parque, para que no se aburriera la chinita, también lo vi soportar muchas cosas, la enfermedad de nuestra madre, la época de la violencia y su desarraigo, el pelo largo de su hijo menor, sus hermanas, él mismo, la soledad.
Ahora mi deber es dar gracias. Gracias al José Manuel Niño hombre, papá, hermano, vecino, al señor de los arboles, ese que era capaz de atravesar el rio Chicamocha con un solo brazo y su hijo a tuche, gracias porque por encima de su carácter, dificultades y carencias supo aferrarse a sus valores natos, a su responsabilidad, entrega y compromiso para cumplir sus deseos de bienestar y progreso para todos nosotros. Esa es la mejor de las herencias.
Deseo que los gratos recuerdos nos mantengan unidos como familia, como amigos, como buenas personas siempre, con la misma energía con la que nuestro padre cuidaba a los suyos, a sus matas y hoy su espíritu regresa al origen, al eco del cañón del Chicamocha que sube por la trocha, arrecha como el temperamento de quienes a pata coronan la cima buscando leña, plátano, pescando, arriando cabras. Ese eco retumba y sube como el halcón.
Gracias a la vida y por la vida.
Descanse en paz José Manuel Niño Mancilla. Mi papá.
Bucaramanga. 24 Agosto 2017.
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